domingo, 4 de octubre de 2009

Baños: lugares de encuentro

Escuchá el programa Nº 29 de Sin Closet



Hace algún tiempo, más precisamente en julio, comentábamos con vos en nuestro programa número 18 cómo la realidad está construida de modo tal que hay tecnologías de género, de sexo, de deseo, que están operando para que seamos varones y mujeres obedientes a las normas, para que deseemos, para que amemos como se supone que debemos desear y amar, una masculinidad y una feminidad ÚNICAS como dos polos, dos caras de una única moneda posible. Blanco o negro. Ningún gris, ningún matiz, ninguna riqueza, ningún color perturbando la “normalidad”. Una arquitectura que no es sólo discurso, sino que se corporiza en construcciones concretas, materiales, sólidas. Construcciones que de tanto verlas ya ni siquiera miramos.

En ese programa hablábamos de los baños; los baños construyendo y vigilando modos de ser varones y mujeres. Y queremos invitarte hoy otra vez a entrar al baño, pero ésta vez no para pensar cómo entramos en ellos para rehacer nuestro género más que para deshacernos de la orina y de la mierda, como nos decía entonces Beatriz Preciado. No para explorarlos como espacios de producción de masculinidad y feminidad, sino porque también es posible apropiarse de ellos y darles un nuevo sentido. Podemos repensar el baño, y verlo a lo largo de la historia como lugar de encuentro, de resistencias, de posibilidades. Lugares de placer, desde donde se configuran otras cartografías del deseo. Podemos pensarlos como lugares de escritura, porque allí están las paredes, las puertas llenas de inscripciones, citas, teléfonos… Como dice Osvaldo Bazán en su libro: podías encontrar la guía telefónica escrita en el muro, la exposición de dibujos más original, los avisos más útiles, en fin, las muestras de talentos condenados a pasar indiferentes…

Los baños tienen su historia y además de constituirse en lugares de placeres diversos, también fueron paredes de denuncia y de escritura rebelde, y se escribía allí protestas de todo tipo y color, y fueron censurados, y se limpiaban una y otra vez las paredes hasta que la solución fue azulejarlos para intentar darle un fin definitivo a tanta escritura. Estamos hablando de 1950, y allí están los testimonios de quienes entraban a los baños y leían en aquella época, debajo de “viva Perón”, algún pedido desesperado de encuentro, un teléfono urgente, una cita frustrada…

Al igual que en gran parte del mundo, es tradicional que en los baños – comunmente llamados “teteras” por los entendidos - se gesten los encuentros más fortuitos y por qué no apasionados entre hombres que buscan hombres. El origen de la palabra “tetera” tiene también su historia: según relata el escritor Juan José Sebreli, esta denominación tiene que ver con que en inglés al baño se lo llama “toilet room”, expresión que muchas veces se acorta a “t-room”, una abreviatura que suena igual que la expresión “tea room” - salón de té.

Los encuentros gestados en los baños, en las “teteras” pudieron ser también expresión de rebeldía y resistencia. En el libro “Fiestas, baños y exilios. Los gays porteños y la última dictadura”, Alejandro Modarelli y Flavio Rapisardi relatan qué pasaba en los baños precisamente en la época más terrible después del golpe del 76. Allí está “la Richard”, con su testimonio, diciendo: “Hasta el mundial de fútbol del 78, antes de que se practicara una purga antihomosexual para dejar limpia la ciudad de ´elementos indeseables´, había varios lugares donde bailar. Pero en la dictadura, cuando todavía no se habían privatizado los ferrocarriles y el SIDA no existía, el verdadero auge era el de las teteras”. Algunos cines habían prosperado en épocas anteriores, pero la persistente represión del comisario Margaride, durante el gobierno de facto, los fue debilitando hasta que casi desaparecieron. En tiempos de Juntas Militares, dicen Modarelli y Rapisardi, sólo quedaban dos salas para la vibración entre varones. Y quién mejor entonces que Alejandro Modarelli para compartir con nosotras esta investigación que te nombrabamos recién, Fiestas Baños y Exilios.

Había en los baños una serie de códigos que decían mucho más de lo que habitualmente se les hace decir. Esta reapropiacion de los baños como lugares de encuentro en medio de la dictadura recibió crçiticas, porque pareciera que en tiempos de represión no era posible pensar en encontrarse, en desearse, en sentir y resistir a través del placer.

Baños como lugares de encuentro, baños como el único espacio filosófico que va quedando, baños como muestra de un arte al margen, baños como el lugar de los deseos ocultos, lugar de cita para aquellos amores que todavía no pueden nombrarse, baños un lugar, al menos un lugar. La pregunta sería ¿siguen siendo hoy los baños lugares para amarse?

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